FUE EN NOVIEMBRE..

 

Fue un momento lleno de alegría, entusiasmo, esperanza pero no por ello, dejó de ser retador; siempre lo desconocido genera un poco de incertidumbre y de misterio. Sólo había una certeza: Dios guiará el camino y Él mismo permitirá que lleguen el nuevo mundo donde los hijos de Don Bosco estarían presentes.

“Busquen almas, no dinero, ni honores, ni dignidades” es la primera de las varias recomendaciones que Don Bosco dio a esos primeros 10 misioneros que salieron de la Basílica de María Auxiliadora en Turín; quería decirles muchas, pero muchas cosas más, sin embargo, tenía que seleccionar con precisión lo más importante, aquello que no podían dejar de lado. Y seguido de esa primera recomendación, continuó hasta llegar a 20, que les dejó por escrito de manera concisa y breve que quedaron registrados más que en el papel, en el corazón de cada misionero como el testamento del padre hacia sus hijos.

El corazón henchido, la pasión por salvar almas; un sueño que le indicaría el nuevo destino una Madre que guía sus proyectos; la prontitud para responder a la llamada de Dios, fueron los elementos que se conjugaron para realizar el sueño misionero de Don Bosco de hacerse presente en la Patagonia, Argentina.

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“Fraile o no fraile me quedo con Don Bosco” había dicho antes Juan Cagliero, quien hoy iría a la cabeza de la expedición y en nombre de don Bosco, sería la persona responsable de mantener en la unidad a este grupo de intrépidos misioneros y de hacer presente la pasión de don Bosco por los jóvenes hasta ahora desconocidos pero con la misma necesidad de conocer a Dios y salvar sus almas.

Y desde aquel 11 de noviembre de 1875 cada año, de la misma Basílica de María Auxiliadora en Turín, sale una expedición misionera a rumbos distintos y desconocidos pero con la misma intención: salvar las almas de los jóvenes que necesitan experimentar el amor de Dios y de María Auxiliadora por la presencia amable y cercana de los hijos de Don Bosco.

 

En este mes de noviembre, estamos particularmente invitados a agradecer la persona de Don Bosco y de su sueño misionero del cual somos parte, por ello; también es un aliciente para seguir empeñándonos en salvar nuestra alma ayudando a salvar el alma de los jóvenes que encontramos en nuestro camino.

Padre Miguel Ángel Miranda Pérez SDB

Director General.